Hay gente que de una situación vivida, de un gesto, de una palabra va hilvanando una historia que plasma en un papel, un libro o en su blog.
Yo no se si decir que tengo el “Don” de empezar y terminar un relato en pocos minutos, hasta el punto de que hay veces en las que tengo la sensación de que guían mi mano, ya que no recuerdo haber pensado en esa historia, lo llamo “Canalizar”.
Este relato lo publique en mi otro blog y ahora quiero compartirlo aquí con vosotros, espero que os guste.

Mientras Pablo velaba el cuerpo de Maria una lagrima resbalo por su mejilla.
Le parecía imposible que su gran Amor estuviese allí tendida sin moverse, sin vida, parecía un ángel dormido y estaba tan bella como siempre, hasta parecía que sonreía, no podía ser cierto, era un mal sueño del que tenia que despertar ya, pero no despertaba…
Maria no cumplió su promesa…
Una voz lo saco de sus pensamientos.
-Hay que ver que pena, verla ahí tan joven…
Pablo no pudo articular palabra y se abrazo a su madre y lloro como un bebé.
-Llora mi niño, saca toda esa rabia, no podías hacer mas, le diste todo el amor que una mujer podría soñar, mírala hijo, mira su sonrisa, se fue feliz.
Cuando Pablo y Maria se conocieron basto una mirada para que los dos se enamorasen, aquella mañana fue mágica para ellos a pesar de la frialdad de la sala del hospital.
Maria tenía 17 años y Pablo apenas 19.
“Sala de Oncologia” (era lo que ponía en el cartel de la sala)
Ante la mirada de Pablo, Maria se sonrojo, no se sentía bonita, se coloco el pañuelo de la cabeza como si de pelo se tratase, pero su sonrisa era pura y limpia y toco el alma de Pablo.
Pablo tenia la mirada triste, no entendía como con 19 años podía tener cáncer, un niño que no fumaba, dedicado a sus estudios y a su madre, una señora viuda que solo vivía por el, la depresión estaba haciendo acto de presencia en el.
Maria era una niña extrovertida que siempre tenía una palabra amable y una gran sonrisa, un torbellino en el hospital que iba recorriendo todas las habitaciones alegrando los corazones de los más pequeños, les contaba cuentos y jugaba con ellos.
Se acerco a Pablo y le dijo:
-¡Hola!, me llamo Maria ¿y tu?
-Pablo.
-¿Por qué estas triste pablo?
-Vaya pregunta… ¿Tu que crees? No es grato que te digan el tiempo que te queda de vida.
-¡Ah! ¿Es por eso?
No te preocupes, no morirás nunca, yo te diré el secreto…
¡Maria! Vamos cariño te toca entrar.
-Pablo seguiremos hablando, ahora he de irme, ¿es tu primera sesión de quimio?
-Si.
-Pasare pronto a verte, yo me recupero enseguida.
Le dio un gran beso en la mejilla y se perdió de su vista detrás de una puerta.
Su madre leía un libro y observo la escena, se alegro su corazón cuando vio sonreír a su hijo, hacia mucho que no lo veía sonreír…
Pasaron 2 días hasta que volvieron a encontrarse y desde ese momento se hicieron inseparables, pasaban el día hablando, riendo y daban largos paseos por el jardín del hospital, allí bajo un gran árbol se declararon su amor y Maria le hizo una promesa a Pablo:
“Ella no moriría nunca para el”
Pablo la miraba a través del cristal y no daba crédito a lo que veía, Maria seguía allí sin moverse, le decía has faltado a tu promesa, me has dejado solo…
Sintió un escalofrió y como si alguien se le acercara por detrás, se volvió y no había nadie, (el pidió que lo dejaran solo con Maria unos minutos) volvió a mirar a Maria y le siguió diciendo:
-No me dejes aquí, llévame contigo, ya que no cumpliste tu promesa, llévame contigo.
Un frío intenso le volvió a recorrer la espalda, pero de momento empezó a sentir mucho calor al ver como delante de sus ojos apareció una gran bola de luz que empezó a tomar forma.
¡Maria!
No podía ser, Maria seguía tendida en el ataúd rodeada de flores, pero a la vez estaba a su lado, tenía una melena preciosa pero la sonrisa era la misma, era un ángel.
¿Maria eres tú?
-Si, mi amor soy yo, jamás falto a una promesa, te dije que siempre viviría para ti.
- No es posible, me estoy volviendo loco.
- Pablo ahora debes luchar, debes seguir el trabajo que yo he dejado a medias, ayuda a esos niños, yo seguiré a tu lado, no faltare a mi promesa pero ahora debes seguir tu.
Pablo se dejo caer en un sillón, las piernas no aguantaban el peso de su cuerpo, se repetía una y otra vez que no podía ser, empezó a llorar como un niño y Maria le dijo:
-Llora mi amor porque esas lágrimas están limpiando la enfermedad de tu cuerpo, tu alma es pura y tu misión es dar luz a los corazones desolados, siempre viviré para ti.
Lo beso en la frente y desapareció.
Los días que siguieron, Pablo estaba más triste que nunca, fue a revisión, la sala de oncologia estaba más fría que nunca, el medico les dijo a el y a su madre que tenia una gran noticia que darles pero que no sabia como hacerlo, Pablo soltó un gran suspiro y dijo:
-¡Que bien! ¿Cuánto me queda?
-Milagrosamente mucho Pablo, nunca me había encontrado con un caso así, hemos repetido las pruebas.
Pablo… estas curado, no queda ni rastro de leucemia.
El medico seguía hablando pero Pablo no oía nada, en un rincón de la habitación se volvió a formar una gran bola de luz y Maria apareció de nuevo, sus ojos se llenaron de lágrimas y Maria le dijo:
-Ahora mi amor debes cumplir tu promesa, yo nunca moriré para ti.
El sonido de la megafonía lo saco de sus pensamientos:
“Doctor Martín… Doctor Pablo Martín” acuda a la planta de Oncologia…