
Hay historias que pasan desapercibidas, no son noticia ni importan a nadie, salvo a los propios protagonistas.
Manuel era un pedazo de pan, casado con rosa desde hacia mas de 40 años, pero juntos desde niños.
¡Toda una vida!
Rosa, una mujer orgullosa, fría, una piedra por corazón, a la que dios le negó tener hijos, ella culpaba a Manuel de su desgracia.
Siempre se habla de malos tratos a mujeres, ¿y los hombres?
Esta es una canalización de Manuel, que muy amablemente me ha pedido que cuente su historia, no le conozco aunque hay algo que me resulta familiar…
Manuel y rosa vivían en un barrio humilde, un 5º sin ascensor, Rosa siempre andaba farfullando que vivían así porque Manuel nunca ha tenido un “Par” para cambiar de trabajo y comprarle la casa de sus sueños.
-Toda la culpa es tuya, no me tenia que haber casado, lo bien que estaría sin tener que aguantarte y encima te vas haciendo viejo…
Estos comentarios hacían daño a Manuel y aun así:
-Rosa mi amor, hago todo lo que puedo, no he dejado jamás de trabajar para que no te falte de nada, eres mi reina.
-Calla, calla no digas tonterías ni te hagas la victima, no haces nada, eres un inútil, no te mereces ni la comida que te hago, pero claro como el dinero lo ganas tú…
-Sabes que el dinero que gano es tuyo, lo administras tu yo no te saco cuentas.
-¡Lo que me faltaba! Que encima me sacaras cuentas.
Manuel trabajaba en una fabrica de cerámica, su turno era de noches así disponía del día para hacer alguna chapucilla y así ganar mas dinero para que su mujer estuviera contenta y poder comprarle una casa mejor.
No entendía como Rosa había podido cambiar tanto, de niña era dulce, se ganaba a todo el mundo con su sonrisa, el lo achacaba ha la falta de hijos, pero las pruebas estaban bien, solo el destino quiso que fuese así, aun así ella lo culpaba a el.
Manuel no soportaba el trato que recibía de su esposa, pero la amaba tanto que poco a poco, día a día se fue encerrando en si mismo sin darse cuenta que callo en una profunda depresión de la que nunca mas fue capaz de salir…
Aquel día Manuel libraba, esa noche dormiría en su casa o dormiría eternamente, decidió hablar con Rosa:
-Rosa mi amor, he estado pensando que tienes razón, aquí no estamos bien, así que con los ahorros que tenemos podemos dar la entrada para un piso donde a ti te guste y vendemos este. ¿Qué te parece?
Rosa lo miro muy sorprendida, se puso muy nerviosa y su reacción asusto a Manuel, esta empezó a chillarle y a golpearle, los ojos se le salían de las orbitas, no parecía Rosa.
Muy enfadada se marcho a dar un paseo. (Según le dijo a Manuel)
Cuando Manuel se quedo solo busco la cartilla de ahorros que durante tantos años tenia para guardar el dinero del piso nuevo, quería darle una sorpresa a Rosa, ya había visto una casita preciosa con un jardín, seguro que a ella le encantaría, pero la sorpresa se la llevo el al descubrir que solo le quedaba poco mas de cien mil pesetas.
¿Dónde estaba el dinero?
No podía creerlo, los ahorros de toda su vida habían desaparecido.
Se dejo caer en un sillón sin fuerzas, hizo recopilatorio de su vida tratando de buscar en que había fallado y buscaba momentos felices que justificasen su vida, no los encontró.
Lloro como un niño, cogio el teléfono y llamo a la única hermana que le quedaba para despedirse de ella, le dijo que ya no podía más y había decidido dejar a Rosa.
La hermana se alegro, hasta incluso se permitió decirle “Ya era hora” le ofreció su casa por el tiempo que quisiera a lo que el contesto que no se preocupase que ya tenia donde ir y que estaría muy bien, mejor que nunca…
Aquella noche Manuel se lanzo al vacío desde la ventana del dormitorio pequeño, su cuerpo choco con los hierros de los tendederos y al caer al suelo su cabeza se abrió como una sandia dejando el cerebro esparcido por todo el suelo.
Manuel empezó a vivir justo en aquel momento.
Dejo una nota a Rosa que decía:
“Mi querida Rosa, he decidido empezar una nueva vida, voy a buscar la felicidad que nunca tuve a tu lado, te ame y te seguiré amando, pero ya no me harás mas daño”
Manuel.